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domingo, 9 de enero de 2011

EMPAQUE DEL VINO

LA BOTELLA DE VINO
¿Qué puede ser interesante o relevante de una botella de vino? Sorprendentemente, muchas cosas.
Empecemos porque el vino no siempre se distribuyó en botellas. En la antigüedad hubo numerosos envases que se usaron para este fin, desde ánforas y recipientes de barro, pasando por recipientes hechos con tejido animal, hasta una época en que el vino se expendía desde el barril y el cliente llevaba su propio recipiente.
Hoy en día es aceptado que el vino viene en botella de vidrio. Más aún, lo común es que sea una botella de 750 ml. De hecho, este volumen es lo que normalmente se conoce como “una botella”.
En otra entrada vimos que los cierres de las botellas están siendo revisados y en plena evolución. Así mismo ocurre con las botellas. Hoy en día, existen numerosos tamaños de botellas en el mercado. Al ir a una licorería o a un expendio de vinos, lo más común es ver sólo botellas de vidrio de 750 ml. Son el material y tamaño más popular y, prácticamente, el que todos estamos acostumbrados a comprar. Sin embargo, existe, y es común, el tamaño de media botella, es decir 375 ml. Estos dos tamaños realmente, son los mas prácticos. Su manejo es sencillo y no son terriblemente pesadas. Además, el volumen de 750 ml es adecuado para el consumo de una pareja de personas o para el consumo en una mesa de cuatro a seis personas con uno de los platos en una comida.
Ahora bien, hay un sin número de otros tamaños. Casi todos con nombres de reyes antiguos, más que todo, de la Biblia. Capacidades de 187ml (Benjamín), 1.5 L (Magnum), 3L (Doble Magnum o, si es champaña o cava, se puede llamar también Jeroboam), 4.5L (Jeroboam o Rehoboam), 5L (Box), 6L (Imperial), 9L (Salmanazar), 12L (Baltazar), 15L (Nebucadnezzer), 18L (solo para champaña o cava: Melchor o Salomon), 25L (solo para champaña o cava: Soberana), 27L (solo para champaña o cava: Primat), 30L (solo para champaña o cava: Melchizedek).
En mi experiencia, una botella de más de tres litros es difícil de manejar. Es pesada y muy poco práctica. Y si la botella es de más de 9 litros, sencillamente, es imprudente manejarla, ya que es un accidente en proceso de ocurrir.
Como decoración, son muy atractivas y relativamente populares. Pero para beber vino, no son terriblemente prácticas ni para grupos grandes ni para expendios comerciales.
Dicho esto, y teniendo en cuenta que el consumo común es en botellas de 750 ml, veremos las variedades y características de estas. Dependiendo del origen del vino, distintas regiones diseñaron botellas típicas de su área y tipo de vino.  
Así tenemos la botella bordelesa, de lados rectos y hombros altos. Normalmente con un hundimiento pronunciado en el fondo de la botella. Comúnmente usada para tintos, es casi siempre de colores muy oscuros, verde o marrón, para proteger el color del vino de la luz. Vinos blancos también se envasan en este estilo de botella. Muchas veces en botellas totalmente transparentes para disfrutar del color del vino. Típicamente los vinos de Bordeaux, los Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, Malbec, Tempranillo y Garnacha, entre otros, son envasados en este tipo de botella, así mismo hemos visto Gewurztraminer y otros blancos. Muy similar a ésta es la jerezana o de oporto, que es estructuralmente muy similar, pero tiene, en el área de los hombros, un “sobre ancho”, teóricamente para evitar que depósitos sean servidos en la copa.
Variante de la botella bordelesa
Típica botella bordelesa de vino blanco

Botella jerezana - se puede observar el
sobre ancho en los hombros

La borgoñesa, que tiene hombros muy suaves y largos. Con un hundimiento más leve que la anterior, pero aun así presente en la botella. De nuevo, su uso común es con los tintos, y de nuevo en colores oscuros, verde o marrón. Por supuesto, los vinos del área de borgoña y, particularmente, el Pinot Noir, se envasan en este tipo de botella, Así como los Sauvignon Blanc y los Chadonnay.
Típica botella borgoñesa
La Rhine, Moscel o Alsace es muy similar a la borgoñesa, con los mismos hombros caídos, pero normalmente más delgada, más alta y con un hundimiento muy leve. Las de Alsace, típicamente son marrones o ámbar, otro ejemplo y uno de los más conocidos, es la botella azul del popular Liebfraumilch alemán.
Otra botella de hombros caídos, pero que típicamente tiene un hundimiento muy pronunciado en su base y es de vidrio muy grueso es la de champaña o cava. Adicional a esto, mientras que las otras a las que hemos hecho referencia, normalmente, tienen un gollete pequeño y sin mayores consecuencias, el de la botella de champaña es regularmente muy pronunciado, pues es el punto de apoyo de la jaulilla de metal que mantiene el corcho en forma de hongo fijo a la botella. Usualmente es de color verde oscuro, llegando inclusive a ser totalmente opacas como en el caso de la Freixenet Siglo XXI, pero, como en toda regla, existen excepciones, tal como la botella de Crystal, que es transparente.

Típicas botellas de espumante. Una verde y una opaca.

La Bocksbeutel es una botella originaria de Alemania, pero que también es usada para algunos vinos portugueses. Son botella “planas”, es decir, no son cilíndricas, sino que tienen una forma ovalada y, regularmente son de color verde o marrón oscuro. Uno de los vinos que viene en esta botella es el Mateus.
Hay muchos otros estilos de botellas. Incluyendo el Fiasco italiano, una botella con forma de lágrima, típicamente italiana y que se envuelve en paja, típica de los chianti.
El otro componente de la botella que es interesante resaltar es la etiqueta. Regularmente, toda botella tiene dos etiquetas. Una frontal y una posterior. La frontal, normalmente, describe el contenido en términos de volumen y grado alcohólico, datos legales, datos del viñedo, la variedad, la marca y una breve descripción. Muchas son estrictamente utilitarias y son económicas. A decir verdad, muchas veces se ven baratas. Etiquetas sin ningún arte. Blancas o beige con una impresión sin ninguna inspiración. Otras son verdaderas obras de arte. Algunos viñedos inclusive diseñan una etiqueta para cada año, como ocurre con el Beaujolais Nouveau. The Heavy Weight y The Contender, del Valle de Napa, por ejemplo, son muy elaboradas y su referencia al vino es muy diferente. Sin embargo son absolutamente memorables y se distinguen sin esfuerzo en el mar de botellas ofertadas hoy en día en cualquier licorería. La etiqueta posterior normalmente es la que tiene toda la información adicional, tipo de uvas usadas, porcentajes, en caso de no ser un varietal 100%, descripciones comerciales y promocionales y cualquier otra cosa que se le ocurra al vinicultor. Dado que no hay una regla exacta de cómo debe ser una etiqueta, la variedad que se presenta en las mismas es fascinante. Puede haber otras etiquetas y/o estampillas en la botella. Depende del diseño.
Existen otros materiales y estilos para envasar vino. Desde los años 70 he conocido el “vino en caja”, es decir, lo que hoy en día es envases Tetrapak. También lo he visto envasado en botellas de metal y de plástico. El vino que se expendía en Tetrapak, en esa época, era abismalmente malo. La observación que valdría la pena hacer aquí es que el vino que se envasaba en Tetrapak era abismalmente malo, no tenía nada que ver con el envase. En plástico, aparte de ser muy poco atractivo aunque eminentemente práctico, el vino no ha tenido una muy buena historia. El principal motivo es que la mayoría de los plásticos no son impermeables al oxigeno, por lo que los vinos no tienden a tener una buena evolución en este tipo de envase. Al igual que otras alternativas actúales de empaque que se están estudiando y, poco a poco, poniendo en práctica, sólo el tiempo dirá si son viables o no.
Así que, en botellas de vidrio o de materiales alternativos, ahí estaremos revisando cómo evolucionan los vinos modernos y formándonos una opinión al respecto.
¡Salud!

jueves, 30 de diciembre de 2010

CERRADO DE LA BOTELLA DE VINO

CIERRES ALETRNATIVOS DE LA BOTELLA DE VINO
El vino es una expresión artística. Como un poema, una pieza musical o un cuadro de arte clásico. El poema, varía con quien lo declama o cuando se lee, si hay luz o no, si lo acompañamos con música, e inclusive en qué idioma se redactó y en qué idioma lo estamos leyendo. La pieza musical varía, si es un cantante “a capela”, si es un solista, si es un conjunto, si es una orquesta, donde y cuando se toca y en cada representación en vivo. El cuadro, de la luz, del ambiente, y, en fin, de muchas variables.
Como tal, suscita una serie de polémicas. Hay los clásicos, que mantienen que una botella de vino tiene que estar cerrada con un corcho. Otros, están dispuestos a ver alternativas.
El corcho le imparte algunas características al vino. No en términos de sabor, pero ciertamente en términos de las consecuencias del tiempo de guarda. Los corchos para botellas de vino son de un diámetro estándar, mayor al diámetro de la boca de la botella, lo que la sella. Sin embargo, debido a su porosidad y el hecho que es un trozo de madera, por muy bien procesado que esté, no es un sello perfecto, por lo que el proceso de oxidación continua, más o menos rápido, y hay variaciones entre un corcho y otro, redundando en variaciones entre una botella y otra, aun del mismo vino, envasado el mismo día, en el mismo viñedo.
El primer cierre alternativo que podemos tratar, también porque es lo suficientemente popular como para hacerlo común, es el de tapa de rosca. Este dispositivo es usado ampliamente en Nueva Zelanda, Australia y también en el sur del continente americano. En Chile, por ejemplo, en el Gewurztraminer de Santa Digna.
La tapa de rosca está elaborada de aluminio, con un sello interno de plástico que es la barrera efectiva contra el acceso del oxigeno al vino. Una observación adicional a este sistema, es que elimina la necesidad de la capsula, que en ocasiones alberga características desagradables y poco estéticas, aunque no dañen el vino. Es un hecho que es más efectivo como barrera al acceso de oxigeno al vino que el corcho, eso no es una opinión. Hay referencias contundentes a favor de este sistema, como la entrevista en 2007 que Wine Spectator le hizo a Michelle Laroche, Director de Domaine Laroche, donde éste presentó para comparar el Chablis Grand Cru 2002, con 5 años de guarda, con ambos sistemas de cierre. Refirió que el cierre con tapa de rosca era más “enfocado”, mas “preciso” y que mantenía mejor la fruta, tanto en aroma y bouquet como en gusto, así como los tonos minerales, que el corcho. Refiere que, sin lugar a duda, estandariza el resultado del vino, es decir minimiza, por no decir que elimina, las diferencias entre una botella y otra. Nada de esto ocurre con el corcho. Insistió que sus mejores vinos, los envasaba con tapa de rosca, pues era un cierre más efectivo. Es una opinión con merito y, además, muy bien aceptada en particular en países que no tienen acceso fácil o económico a corchos de calidad. Sin embargo, hay referencias que indican que más de 10 años de guarda en este tipo de tapa resulta en el deterioro del plástico, con catastróficas consecuencias para el vino, debido a la introducción de olores desagradables y oxidación del mismo.
En mi experiencia, he visto este tipo de cierre en envases de vinos blancos, pero muy pocos en vinos tintos.
¿Ventajas? Las botellas se pueden guardar “paradas” y no acostadas, sin sufrir. No hace falta sacacorchos para abrir la botella. Permite cerrar la botella si no se consume completa con facilidad, aunque una botella medio vacía no dura mucho en buen estado, se tape como se tape.
La estandarización y minimización de la variación entre botella y botella debido al corcho se puede considerar una ventaja o una desventaja. La variación puede ser parte del encanto de un producto tan dinámico como el vino. O podemos decir que es terrible no tener exactamente el mismo vino de botella a botella. Es cuestión de opinión.
Otro cierre alternativo usado comúnmente, tanto en Australia, Sur África y el sur del continente son los tapones sintéticos. Ejemplos de esto son algunos de los vinos de Valdivieso, de Chile. Estos tapones son elaborados de material plástico, emulando al corcho en forma y función. Sin embargo, algunos, debido a su material de elaboración, confieren al vino sabores “químicos” desagradables. Más aun, dependiendo de su fabricación, pueden permitir el acceso del oxigeno al vino en un período de tiempo relativamente corto. Nuevas tecnologías que permiten emular al corcho natural, incluso en la presencia de micro celdas en la matriz del material, han resultado en tapones muy efectivos. Dada su naturaleza, se lubrican para facilitar su inserción y, sobre todo, para facilitar su extracción, para la cual se requiere un buen sacacorchos, y puede ser difícil si la botella esta fría.
¿Ventajas? Pues que puedes mantener la botella vertical, ya que no necesitas mantener el contacto entre el vino y el tapón para mantenerlo hidratado, y que es un cierre efectivo. Y prácticamente se acaban. Es comparable con el corcho, y ya.
En mi experiencia personal, un Malbec Valdivieso con este tipo de cierre presentó una variación muy marcada entre una botella y otra, que se lo atribuyo a defectos de cerrado. Además, para mí, estos tapones son difíciles de extraer.
Hay cierres de botella que no he tenido oportunidad de conocer en vivo, pero que he encontrado en referencias y materiales promocionales. El “Vino-Seal” (versión americana) o “Vino-Lok” (versión alemana), de ALCOA, es un tapón de vidrio en forma de “T”, donde la porción que entra en la botella está recubierta de un material plástico que resulta en un cierre hermético. ALCOA lo promociona como una alternativa muy estética que permite al vino añejarse más lentamente, aumentando el potencial para guarda, almacenar las botellas paradas y que elimina el riesgo de contaminación debido al contacto con el corcho. No conseguí argumentos a favor o en contra, solo el material promocional del fabricante y de los viñedos que lo usan.
Las chapas o tapas de corona han sido usadas exitosamente para el proceso de fermentación y segunda fermentación de los vinos espumantes. Usualmente, antes de ser enviadas para ser distribuidas comercialmente, se sustituye esta tapa por el corcho con forma de hongo tradicional.  Algunos productores de vinos espumantes han ensayado dejando que el público reciba botellas con este tipo de sello. Yo no he visto ninguna, pero para mí, parte del encanto de un espumante es sacar ese corcho… cuestión de opinión.
ZORK
imagen de Wikipedia
Luego está el Zork (http://www.zork.com.au), un invento australiano que se ve muy bien, en teoría y en papel. Un tapón tipo “T”, pero con una tira enrollada en la botella para garantizar el cerrado original, como la de los botellones de agua potable, por ejemplo. El tapón es dinámico en el sentido que se retira con la mano, aparentemente de manera bastante fácil, y si no se usa la botella completa, se presiona un botón en el tapón que permite un resellado con una pequeña extracción de aire, haciéndolo “mejor” para guardarlo, pues se reduce la cantidad de aire en la botella. Y… sí, pero si está por la mitad o menos, igual beberla rápido o se daña.
Por estas razones inicié la entrada con los comentarios artísticos. Porque, como podemos apreciar, hay alternativas, tal como hay alternativas en música. Oír música en long plays de “pasta” porque el sonido es mejor, versus oírla en CD porque el sonido digital es “más exacto” o “más nítido” u oír solo MP3’s porque son más fáciles de manipular, o preferir sólo música en vivo, o sólo orquestal, o sólo cantada, todos son gustos personales y todos son validos. ¿Es mejor el corcho natural? No sé, depende en mejor para qué. Si es para que se conserve y sea más estándar y consistente el producto y se va a guardar 5 a 7 años, tal vez tapa de rosca sea mejor. Si lo que queremos es algo que nos sorprenda cada vez que lo abrimos o si lo que queremos es tener el orgullo de una botella óptimamente guardada por mucho tiempo, el corcho natural, definitivamente. Hay alternativas en el mercado y, lejos de reducirse con el tiempo, vemos que aumentan constantemente.
Así que tendremos que seguir probando vinos con distintos cierres, disfrutándolos y emitiendo nuestra opinión.
¡Salud!

lunes, 27 de diciembre de 2010

EL CORCHO

EL CERRADO DE LA BOTELLA DE VINO
Así que llegamos al restauran, pedimos una excelente botella de vino, el mesonero nos la muestra, la identificamos como la que pedimos, todos sonreímos, el mesonero hábilmente corta la capsula, retira el tapón, nos lo presenta y queda expectante de nuestra reacción.
¿Qué hacer con eso que nos acaba de poner en la mesa, al lado de nuestra servilleta, en un platito de cerámica o la miríada de otras maneras de presentarle el tapón del vino al cliente? La respuesta exacta es: lo que quiera. Al final de esta entrada estarán algunas sugerencias, pero para que tengan sentido, hay que tener cierta información en común. Así que, aquí vamos.
Corcho adecuadamente presentado
Lo primero que habrán observado es que, a pesar del título de la entrada, me he referido al tapón del vino y no al corcho. Esto es porque hoy en día, tal como pasa con muchas cosas, hemos regresado a que el vino no esté tapado exclusivamente con corcho.
Si bien es cierto que el corcho se conocía en Grecia y Egipto como un material para sellar herméticamente ánforas y otros recipientes, tal como lo refiere el autor Romano Cato en el segundo siglo antes de Cristo,  también es cierto que ese arte se perdió debido a la invasión moruna a la península ibérica. El vino era elaborado y colocado en ánforas o contenedores de barro, o en recipientes de cuero u otros materiales biológicos (tripas o estómagos de distintos animales) que se sellaban con cera o alquitrán. Evidentemente, este vino no terminaba siendo muy bueno, por lo que se le añadían hierbas u otros elementos para enmascarar sabores u olores desagradables, alguno consecuencia del sellado del embase.
Posteriormente, con el avance en la elaboración de botellas de vidrio, fue en estas, por su facilidad de transporte y manejo, que se envaso el vino. A principios y mediados de los 1600, las botellas de vino se sellaban con trapos empapados con aceite, para que el sello fuese lo más efectivo posible. Evidentemente, esto traía problemas a granel si la botella se inclinaba, si el aceite se ponía rancio o si se disolvía en el vino. También se introdujo la modalidad de usar madera con aceite o cera para sellar las botellas, llegando eventualmente al uso de la corteza del alcornoque, que sin necesidad de cera o aceite, por su elasticidad, era la manera ideal de taparlas, es decir, con corcho. Esto se le atribuye, normalmente, a Dom Perignon por ahí entre los 1600 y los 1700. Específicamente, como parte importantísima de la solución del problema de la fermentación secundaria en botellas, que produce los vinos espumantes.
El corcho, como material, es, según lo define el DRAE, un “tejido vegetal constituido por células en las que la celulosa de su membrana ha sufrido una transformación química y ha quedado convertida en suberina. Se encuentra en la zona periférica del tronco, de las ramas y de las raíces, generalmente en forma de láminas delgadas, pero puede alcanzar un desarrollo extraordinario, hasta formar capas de varios centímetros de espesor, como en la corteza del alcornoque”. Esto último es muy importante para nosotros, pues el corcho que a nosotros nos interesa debe tener unas dimensiones especificas y, para que sea comercialmente viable, debe ser relativamente fácil de obtener.
Así pues, el tapón de corcho que se usa en las botellas de vino tiene dimensiones estándar determinadas, lo que, en conjunto con la industria de los envases para vino, hace que podamos evaluar un corcho con cierta facilidad.
El diámetro del corcho debe ser de 24 mm +/- 0.4 mm. La longitud del corcho va desde 38 hasta 54 mm. Las variaciones determinan cuales vinos serán tapados con cuales corchos. Los de guarda (crianza y reserva) necesitan corchos con mayores dimensiones, para asegurar un sello más efectivo, por el tiempo que se estima o espera que el vino repose en la botella antes de ser bebido, mientras que vinos que se van a beber jóvenes o pronto luego de su embotellado, no requieren de corchos tan largos.
El tapón de corcho, o simplemente corcho, se obtiene procesando la corteza del alcornoque, un procedimiento que requiere de dos procesos de hervido iniciales, para hidratar y esterilizar el material, luego un proceso de bodega, donde se estabilizan y aplanan las planchas. Al cabo de una semana aproximadamente, la madera se rebana y las tiras resultantes se perforan. Las tiras rebanadas tienen la longitud deseada del corcho que está siendo elaborado, mientras que la gubia que las perfora extrae un tapón de diámetro estándar para su uso. Finalmente se secan los corchos, se colmatan, se lijan y se pulen dejándolos listos para ser comercializados. Dependiendo de las características de la madera inicial, hay distintas calidades de corcho, según sea la presencia y tamaño de los poros y canales en el corcho resultante.
Hay una buena cantidad de material residual de este proceso, tales como las tiras perforadas y otros recortes a lo largo del proceso. Estas se mandan a una molienda, que produce serrines de entre 1 y 5 mm de tamaño, que se integran con un aglomerante o cola para corcho para producir unos tapones del diámetro estándar y longitudes variables según la solicitud del cliente que los compra. Regularmente se les coloca una capa de silicón para facilitar la introducción y extracción en la botella.
Ahora bien, el corcho se puede procesar en la planta de producción o ser enviado al viñedo para su proceso final. Este puede ser un estampado, aunque algunos corchos, en particular los de aglomerado, son usados sin estampar.
Las bocas de las botellas tienen como diámetro interno estándar 18,5 mm +/-  0,5 mm, y debe ser circulares, no ovaladas. Evidentemente, nuestros corchos son muy anchos para la botella. Esto es a propósito, para asegurar que la diferencia, de aproximadamente 5 mm, resulte en un sello hermético y seguro, que no permita el acceso del aire a la botella, ni que se salga el tapón por accidente de la misma. Por esto, si medimos el corcho extraído de una botella, normalmente no tendrá un diámetro de 24 mm, sino algo menos que eso.
Corcho poco atractivo, pero
sin defectos al descorchar
El corcho puede presentar un aspecto poco atractivo al sacar la capsula. Esto no quiere decir que este deteriorado. Se limpia y luego, al sacarlo, se le evalúa.
Así que tomamos el corcho que nos presentó el mesonero y lo vemos detenidamente. No tenemos a mano una regla o un vernier, de manera que tan solo apreciamos las dimensiones del corcho en general. Que no sea ni excesivamente corto o largo en comparación con otros que hayamos visto antes. Apreciamos el extremo que estuvo en contacto con el vino. Si el vino es blanco, tan solo para apreciar su integridad, si el vino es tinto, también para apreciar el teñido o manchado del corcho, indicativo del tiempo y cuidado de guarda.
Si tenemos experiencia con el viñedo que originó el vino, sabremos cual es el impreso habitual en sus corchos, de lo contrario, solo vemos la impresión para determinar si tiene sentido en relación al vino que estamos tomando. La impresión puede ser el nombre del país de origen del vino, el nombre, o el logo, o ambos del viñedo. Puede ser inclusive detalles de la apelación de origen, o puede ser una imagen muy elaborada. Depende del viñedo. Así mismo, en particular si es un corcho de aglomerado, puede no tener impresión alguna. Evidentemente, si el viñedo no consideró el vino como merecedor de un corcho natural, sino de uno de agregado, normalmente no invierte en imprimir el corcho. Esto nos perite saber algunas cosas en relación al vino, pues si es un vino costoso, debe tener un corcho impreso, si no hay tal impresión, ¡cuidado!, podemos estar en presencia de una botella fraudulenta.
Corcho manchado pero sin que el vino haya pasado el corcho
Impresion de un viñedo Argentino
Comprimimos el corcho con los dedos para constatar que está firme y que no se deshace. Esto es indicativo que está en buenas condiciones y debe haber protegido al vino del aire y haberlo tapado adecuadamente. Si esta flojo o se desmorona en nuestros dedos, puede ser indicativo de una mala práctica de guarda o un defecto de origen del corcho, mas no del vino.
Podemos oler el corcho por el lado que estuvo en contacto con el vino. Debe oler limpio, a vino y a corcho, solamente. Si huele a papel mojado u otros olores desagradables, podemos estar en presencia de un vino deteriorado.
Otra presentacion del corcho. Poca mancha.
Se observa la poca evidencia de guarda
Hay gente que inclusive pone el extremo del corcho que estuvo en contacto con el vino en su lengua. El gusto va a depender de donde en la lengua se coloque y el sabor es… pues a corcho, naturalmente. Si tiene cualquier sabor adicional, regularmente ya se habría detectado al oler el tapón. Yo, en lo particular, no recomiendo esta práctica.
Finalmente, nos volvemos al mesonero, sonreímos y con una leve inclinación de cabeza, le damos la venia para que nos sirva un poco de vino en la copa, para probarla y luego autorizar servir al resto de la mesa.
De manera que, ¿qué hay que hacer con el corcho de la botella? Depende. Ahora contamos con información que nos permite evaluar un corcho adecuadamente. Si es el sommelier el que nos presenta la botella, él debe evaluar el corcho y el vino, y tan solo servir directamente una vez que nosotros hayamos aprobado la botella. Si es un mesonero, de nuevo, él debe decidir si el corcho está en buen estado, pero no todos los mesoneros están en capacidad de tal evaluación. En todo caso, nos pueden presentar el corcho y lo que hagamos con él depende de la situación y de lo que queramos hacer.
En otra entrada hablaremos de los otros tapones que hay para el vino. Mientras tanto, ¡Salud!