martes, 4 de enero de 2011

VIÑA TORRES MOSCATEL

FLORALIS – MOSCATEL ORO
Viña torres es un viñedo de tradición en España, fundado por la misma familia que lo ha mantenido, en 1.870. Su hermosísimo lema es “Cuanto más cuidamos la tierra, mejor vino conseguimos”. Y se nota. Tienen 1.300 viñedos propios y una amplia distribución internacional. Ubicados en el sur de España entre Lleida y Barcelona, tienen excelentes microclimas y terruños.
El Floralis, Moscatel Oro, es un vino dulce, de postre. Elaborado con 100% uvas moscatel, variedad conocida desde los tiempos de los griegos y romanos.  Abrimos una botella para disfrutar luego de la cena y he aquí lo que resultó.
La botella transparente es muy hermosa, larga y finamente decorada, propia de estos vinos de postre pues, normalmente, la botella termina en la mesa, ya que lo usual es que sean medias botellas (350 ml) y se consumen totalmente.
La etiqueta es funcional pero muy atractiva y los toques dorados sobre el fondo de caramelo del vino la hacen aun más llamativa. Completa información sin ser excepcional.
El corcho natural resultó firme y con un estampado propio del viñedo. Olor limpio.
Lo bebimos en copas de brandi, pues el cuerpo y aroma del vino lo ameritaban. Normalmente se toma en copas de licor, pero a mí en lo personal me gusta disfrutar del aroma de los vinos y, francamente, que me den un poquito más. El profundo color caramelo era muy elegante y recordaba licores destilados añejados en barrica. El cuerpo resultó muy bueno tanto por el alto grado alcohólico, 15ºC, como por el alto contenido de azucares residuales.
A pesar de estar muy frio, la ficha de cata lo recomienda a 8ºC, nosotros lo tomamos aproximadamente a 5ºC, se notaban claramente los aromas a flores, propios de la variedad, en particular a rosas, se distinguían claramente.
En boca, como todo vino de postre, tiene un ataque agresivo por lo dulce, sin embargo, los diferentes matices de su cuerpo, pleno y voluptuoso, muy sensual, hace que se disfrute ampliamente dejarlo calentar un poco en boca y dejar que se desarrollen los distintos sabores francos de la variedad, frutas y flores.
Muy agradable para acompañar un postre, o para acompañar un momento intimo luego de la comida. Elijan ustedes y déjenme saber.
¡Salud!

BODEGAS ARAGONESAS

VIÑA BODEGAS ARAGONESAS S.A.
CRUCILLON Y DON RAMON

Normalmente presento un solo vino por ves. Sin embargo, en esta ocasión, se me presenta una oportunidad especial. En diciembre recibí como obsequio dos vinos del viñedo Bodegas Aragonesas, un Crucillon y un Coto de Hayas. Así mismo, recibí la recomendación del Don Ramón (no sé si debería incluir en el nombre el “Pérez Juan”, lo dejo a su juicio).
Las bodegas Aragonesas se encuentran en el área centro noroeste de Zaragoza, España.  Así, están cerca de terruños tan prestigiosos como La Rioja y Navarra. Se especializan en el cultivo de la Garnacha. Y se nota. No conseguí mucha información del viñedo en términos de edad y propietario, pero de la uva, lo que quieran. Realmente les apasionan sus vides. Los resultados son, por demás, elocuentes. Tienen como apelación de origen “Campos de Borja”, que luego de tan felices experiencias, voy a respetar mucho de aquí en adelante, pues no la conocía.
Empezaré por el Don Ramón. Esta recomendación fue un éxito total y absoluto con las damas. Un vino tinto, así lo dice la botella, fresco y dulce, que realmente se me recomendó sin muchas pretensiones como un vino para tomar sin más. La botella, que en el viñedo denominan Botella Jerezana, pero que tiene una amplia similitud con las bordelesas, pensé que vendría cerrada con un corcho como los de jerez. Mas no fue así. De color marrón obscuro, y con un gollete muy pronunciado, está elegantemente vestida con una capsula que cuenta con un listón o precinto rojo y este, a su vez, está fijo con lo que quiere evocar un sello de cera. Las etiquetas, la principal, de color anaranjado con una gran cantidad de texto, bonita sin ser excepcional. La posterior, da información pertinente de la elaboración y la conseguimos adecuada. Además, cuenta con una estampilla de la denominación de origen.

El corcho natural mostró por lo profundo de su teñido que había sido bien guardada y contaba con la impresión “Embotellado en Origen” y con las iniciales de las bodegas en el extremo externo. Al retirar la capsula no conseguimos al corcho limpio. Estaba firme y en buenas condiciones, con olores limpios y sin defectos aparentes.

En copa quieta, apreciamos un color rubí brillante, pero sin herradura. No distinguimos capas pronunciadas. Aromas florales, elegantes y sin notas discordantes.
Al agitarlo apreciamos unas lágrimas atractivas y lentas en su recorrido, a pesar de tener sólo 12.5 º alcohólicos, seguramente apoyadas por los azucares residuales. El bouquet fue sencillamente espectacular. Los aromas a flores se resaltaron mucho mas, de hecho violeta y rosas se destacaban claramente. Complejo y muy evocador. En una palabra delicioso.
En boca, muy franco, una ataque suave, desarrollando lentamente los gustos a flores y frutas maduras, un buen final no muy prolongado pero muy agradable. Excelentemente equilibrado y persistente.
Revisando tanto la ficha técnica como la etiqueta posterior, vemos que es 80% Garnacha y 20% Tempranillo. Los tonos aromáticos principales son claramente atribuibles a la Garnacha y el componente de Tempranillo evita que sea un vino demasiado dulce, le da más cuerpo y matiza su personalidad.
Lo tomamos bastante fresco, alrededor de 12ºC, aunque la ficha recomienda su consumo entre 16 y 18ºC, pero estaba muy refrescante y toleró bien la baja temperatura. Es el único que hemos probado, el 2.008, por lo que no hay punto de comparación para determinar si debe observar más guarda, pero esta tan bueno que es perfectamente bebible como está.
Realmente, una excelente recomendación.
Ahora le toca el turno al Crucillon. De nuevo un vino que no conocía. De acuerdo a la etiqueta principal, un vino tinto.
La botella bordelesa, de color verde, con elegante capsula negra impresa con el logo del viñedo. La etiqueta principal cuenta con un dibujo artístico, el cual no puedo evaluar debido a mi ignorancia en el tema. Es llamativo, en mi opinión, sin ser excepcional. La etiqueta posterior cuenta con descripción del vino y sus características básicas, muy adecuada. También está presente la estampilla de la denominación de origen.
El corcho estaba bastante firme, aunque un poco reseco, sin embargo, lo sacamos con un sacacorchos de paleta, lo que evitó males mayores. Impreso ampliamente por los costados con el nombre y logo de las Bodegas, así como con un número de registro y lo que parece ser un número de serie. Teñido levemente, nos revela que probablemente la botella no haya estado guardada de manera óptima. Presento olores limpios y no mostró defectos.
En copa quieta vimos un color cereza atractivo, limpio y brillante. Los aromas que nos asaltan son los de flores, casi nada de fruta. Al agitar la copa, vemos ese lindo rojo cereza, y unas lentas y elegantes lágrimas, haciendo honor a sus 13ºC. No observamos herradura o capas.
En boca, muy franco con los aromas. Un suave y gradual ataque, cuerpo aterciopelado, pero poco pronunciado, muy agradable, y con un excelente largo final. Muy bien equilibrado.
Según la ficha técnica, es 100% Garnacha, que se nota en el cuerpo, gusto y aromas. Un vino muy franco y fiel a la variedad.
Lo tomamos a la temperatura recomendada (casi) de 17ºC. Muy agradable. No sé si beneficiará de guarda, pues se comercializa como vino joven y, por lo tanto, debido a las características aquí descritas, propias de vinos frescos y jóvenes, es probable que guardarlo por más de 18 meses resulte en perdida de esos matices que hoy lo hacen tan atractivo.
Dicho esto, pruébenlos con el entendido que son vinos ligeros, dulces y jóvenes, pero muy agradables. Déjenme saber que les parecieron.
¡Salud!

sábado, 1 de enero de 2011

GUARDA, MADURACION Y ENVEJECIMIENTO DEL VINO

GUARDAR Y ENVEJECER VINO
Dado que le año está comenzando (Feliz Añ0 2.011), me parece prudente tratar esta variable del vino. Además, ofrece la oportunidad de tocar un tema que me solicitaron explícitamente anoche.
Marco Tulio Cicerón, humanista, filosofo y político (nadie es perfecto) romano, dijo: “Los hombres son como los vinos: la edad agria a los malos y mejora a los buenos”.  Hay un viejo refrán español que dice: “vino y amores, de viejo los mejores”.
Cabe preguntar, entonces, ¿todos los vinos se benefician de envejecimiento? La respuesta es muy sencilla y, además, muy sucinta: NO.
A pesar que la sabiduría popular y numerosas referencias en el tema nos indican que un vino viejo es siempre mejor que un vino joven, la realidad es que esto no es así.
Vivimos, hoy en día, en un mundo globalizado. La frase “la aldea global” nunca ha sido más cierta. La internet nos permite conocer noticias del mundo entero en un instante, los servicios de telecomunicaciones y entretenimiento satelital y digital nos permiten tener en nuestros televisores estaciones de todo el mundo (Europa, Latino América, Norte América, Asia, etc.) y conocer o mantenernos al día de todo lo que ocurre en esas latitudes.
De la misma manera, la economía del mundo actual se basa en el movimiento de mercancías a nivel mundial de manera rápida y efectiva. Los servicios de mensajería internacional han desplazado al correo tradicional en nuestra manera de hacerle llegar paquetes, regalos, información y muestras al resto del mundo, estemos donde estemos. Lo hacen de una manera más efectiva y rápida, “los recibimos hoy y lo entregamos mañana - en 24 horas - en 48 horas” y ese, más o menos, es el límite que nosotros esperamos como “retardo” en la entrega.
Las líneas aéreas y las marítimas son, hoy por hoy, intereses globales, con contactos y oficinas a nivel mundial. ¿Qué tiene todo esto que ver con envejecer vino? Muy sencillo, que los productores de vino viven en el mismo mundo que nosotros, son gente aparte, artistas agricultores o viceversa, pero igual tienen nuestra misma realidad. Por lo tanto, saben que pueden producir un excelente vino y este puede llegar rápidamente y en muy buen estado al otro lado del mundo en poco tiempo.
Así pues, el 90% del vino producido en el mundo está hecho para ser bebido inmediatamente luego de ser embotellado. ¿Embotellado? ¿No elaborado? Embotellado. Los enólogos de los viñedos, o los productores en general, evalúan los vinos en distintas etapas de su producción, por lo que deciden, según las características de cada vino, si se beneficiará de una estancia en barrica o si se debe embotellar de inmediato. Los vinos pueden ir directo de producción a la botella o puede pasar meses e inclusive años en barricas antes de ser embotellado. Una vez en la botella, lo más probable, es que esté listo para consumir.
De manera que ¿Cómo sabemos cuando un vino se debe guardar y cuando se debe tomar de inmediato? La respuesta es muy sencilla y placentera. Lo probamos. Lo ideal, es conocer un poco la cepa que estamos probando y las características del vino en sus diferentes edades. Hay reglas muy generales, que, como la mayoría de las reglas generales, hay que tomarlas con cuidado y como lo que son, guías no absolutas.
Lo más sencillo en términos de saber si el vino que tenemos enfrente debe ser envejecido o no, es si el productor recomienda su envejecimiento. El caso más emblemático es el Beaujolais Nouveau. Este vino sale todos los años el tercer jueves de Noviembre. Es un éxito comercial con muy pocos precedentes, pues es un vino joven y sencillo y que comanda (en mi opinión) precios demasiado altos para lo que es, y éste vino está hecho explícitamente para ser bebido en un periodo no mayor a 18 meses luego de envasado. De la misma manera, el Novello italiano y muchos de los de maceración carbónica, españoles, portugueses, americanos y franceses, deben ser bebidos, como máximo, luego de dos años de ser embotellados. Si los dejamos más tiempo, lejos de mejorar, empiezan a perder aquellas características, los delicados aromas y sabores a fruta, que los hacen ligeros, agradables y deseables.
Una gran cantidad de vinos blancos no se benefician de una larga guarda. Sus delicados colores claros, tonos verdes, aromas a frutas y flores, todos sufren por una guarda demasiado extensa. Máximo 3 a 5 años y ya debemos beberlos. Algunos, inclusive antes, a los 18 meses. ¿Cuáles? Sauvignon Blanc, Chardonnay, ligeros y dulces, en su mayoría deben ser bebidos jóvenes. Hay blancos que luego de una estancia en madera, con el tiempo, matizan sus colores hacia el dorado, tomando tonos oscuros, y desarrollando bouquet y sabores sorprendentes. No son la excepción, pero tampoco son la regla, es bueno ver la recomendación del productor y probarlos de manera regular.
Los rosados empiezan a tener toques de taninos, resultado del contacto del jugo a fermentar con las pieles de las uvas, que también les da su color. Estos taninos, en grandes concentraciones, que no es el caso de los rosados, requieren guarda, para redondearse y no ser desagradables. En los rosados, por lo general, no están en cantidades suficientes para requerir guarda. Por lo tanto, de nuevo, beberlos pronto, 2 a 3 años de embotellados, como máximo. He tenido la feliz experiencia, mas por casualidad que por diseño, de probar rosados muy bien conservados, de más de 5 años de embotellados, específicamente un Zinfandel blanco de California que estaba sencillamente soberbio. No es la regla, pero demuestra que si bien muchos van a sufrir por no haber sido bebidos jóvenes, ocasionalmente, uno puede conseguir un vino que sí se benéfica de tiempo adicional en botella.
Finalmente llegamos a los vinos tintos, tradicionalmente los que requieren y se benefician de la guarda. Estos son vinos que pasan un buen tiempo en barrica, meses y años, como dijimos antes, y se benefician de estar en botella por 5, 8, 10 años y, a veces, hasta más. Esto por la presencia de taninos producto del contacto con las pieles, tallos y semillas de las uvas. El tiempo colabora para que numerosas reacciones químicas extremadamente lentas ocurran y que los taninos poco a poco se vayan combinando con otras moléculas hasta que el vino adquiera características más deseables.
De manera que, como vemos, los blancos pueden tener algún tiempo de guarda (en el mejor de los casos nunca mas allá de los 10 años), los rosados más o menos como los blancos, y los tintos, dependiendo de la manera en fueron elaborados, pueden beneficiarse de largos periodos de guarda, hasta 20 y 30 años en casos extremos.
¿Qué le ocurre al vino si lo guardamos de más? Se echa a perder. ¿Qué quiere decir esto? En el caso de los blancos, los rosados, los de maceración carbónica, y algunos clarets, pierden características propias de su juventud. Pierden aromas y sabores a frutas, su lozanía y frescura, así como su acidez. Dejan de ser vinos agradables para pasar a ser vinos sin aromas, gusto ni distinción. En el peor de los caso, reacciones de oxidación, de manera lenta pero segura, produce substancias que nos resultan muy desagradables al probarlas, dando sabores de acetona y otros. La vieja conseja de que el vino que “se echa a perder” se convierte en vinagre no es cierta. El vinagre puede ser el producto de procesar un vino intencional y técnicamente más allá de lo convencional. Pero un vino deteriorado, aunque tenga acido acético producto de oxidación accidental, no será bueno para nada. No lo será para cocinar ni para aderezar ensaladas. Como máximo, lo podemos echar en el pie de una planta en el jardín, normalmente, hay que echarlo por el desagüadero.
¿Cómo evitamos que el vino se nos eche a perder en la guarda? Varias maneras, la más importante es probarlo regularmente, si tenemos un número de botellas guardadas. Si no, seguir las recomendaciones del productor o de un proveedor de vinos de confianza. Por otra parte, estar consciente que los vinos evolucionan dependiendo de algunas variables conocidas.
La primera, el tamaño de la botella. Vino en una media botella (375 ml) envejecerá más rápidamente que en una botella completa (750 ml) y  en esta, más rápido que en una magnum (1.5 L). A continuación, la temperatura de guarda. La temperatura ideal es de aproximadamente 13ºC. Evidentemente, esa es, en Venezuela, una temperatura refrigerada. A mayor temperatura, más rápido el envejecimiento.
Finalmente, la humedad y la “tranquilidad” que se le dé al vino. El ambiente no puede ser extremadamente seco, por sus consecuencias sobre el corcho del cerrado de la botella y el aumento del riesgo de que entre oxígeno a la botella. Si es demasiado húmedo, puede propiciar el crecimiento de hongos en la parte externa del tapón y deteriorarlo. El vino debe tener tranquilidad. Si agitamos la botella regularmente o si está en un área donde hay vibraciones constantes (cerca de un aire acondicionado, una nevera, u otra fuente de movimiento), esto hará que el poco aire que haya quedado en la botella se difumine por el vino, estimulando la oxidación y, aparte, por la razón que sea, un vino agitado no sabe igual que uno que ha tenido un día o dos de descanso. “Shock de botella” se refiere a la condición que resulta de transportar un vino en camión o barco por prolongados periodos de tiempo. Es ideal darle unos días de reposo antes de probarlo.
Esta es una de las razones que un vino sabe diferente, a veces muy diferente, en su país de origen y en un país destino de exportación. También es el origen del comentario que un vino que ha cruzado el ecuador será muy pobre comparado con el mismo vino en su propio hemisferio.
Un amigo, hace mucho tiempo, tenía una manera peculiar de describir vinos que se suponían buenos, sólo por ser viejos. Los denominaba “Chateau pis du Chat”, pues eran pretenciosos y totalmente insatisfactorios.
Así pues,  la guarda de vinos es, como tantas otras cosas en este tema, sujeto a un gran número de variables y a nuestras circunstancias personales. Si lo podemos o queremos guardar, si tenemos dónde hacerlo adecuadamente, o simplemente si tenemos el dinero para hacerlo.
Un amigo me dijo anoche que debía escribir una entrada de vinos y mujeres. De vinos se algo, de mujeres absolutamente nada. Sin embargo, me atrevo a escribir lo siguiente. Nuestras hijas son como vinos jóvenes de guarda, que sabemos que mejoraran con el tiempo, cada una con sus características propias y especiales. Las disfrutamos hoy y las disfrutaremos mañana y en el futuro lejano, siempre con la ilusión de experimentarlas en un nuevo día y con la seguridad de que cada día superaran el anterior. Nuestras compañeras son como el vino guardado y añejo (una de las pocas cosas que sé, es no decirles “viejas” a las damas), con matices y complejidad que sólo puede dar el tiempo, pero con destellos que nos recuerdan las virtudes de su juventud. De resto, dada mi ignorancia, me limito a comentar que el mejor consejo en relación a las damas lo recibí hace muchísimos años, de un musical llamado “Camelot” de Lerner y Loewe, donde el Rey Arturo, en su juventud, le pregunta a Merlin como entender a una mujer. Merlin le dice que es imposible y la única opción es amarla, solo y simplemente amarla. Complacido, Abraham.
Así que prueben vinos, jóvenes y viejos, guárdenlos si les parece prudente y es recomendado, y me dejan saber cómo les fue.
¡Salud!

jueves, 30 de diciembre de 2010

VIÑA TABALI PINOT NOIR 2.008

VIÑA TABALI
PINOT NOIR 2.008
Viña Tabalí es un viñedo bastante reciente de Chile. Fundado en 1.993 tiene una historia corta, y, a pesar de la juventud de sus viñas, los vinos que produce son bastante buenos. Actualmente, es parte de la sociedad “Viña Valles de Chile S.A.”, junto a Viña Leyda y San Pedro Tarapacá Group.
Este viñedo tiene tres líneas de productos. Payen, Reserva Especial y Reserva. La línea Reserva Especial es cuidadosamente producida y se nota en los finos vinos que han llegado a Venezuela. Envejecidos en barricas de roble y con una elaboración donde se destaca el cuidado de los detalles, son productos de excelente calidad. El Pinot Noir es una de mis cepas preferidas, y he disfrutado de ésta versión en particular varias veces, así que abrimos una botella para darles nuestras impresiones.
La botella es borgoñesa, de un verde muy oscuro. Su etiqueta es beige con una impresión atractiva, sin ser excepcional. Al revisar la ficha técnica, podemos apreciar que la botella de consumo en Chile y otros destinos de exportación es bastante más elaborada. La etiqueta posterior es bastante utilitaria, con una descripción adecuada y que coincide con el vino degustado.
Tabalí Pinot Noir
El corcho es natural y de muy buena calidad, tiene como impresión tanto el nombre del viñedo como el logo, que es una representación de uno de los petroglifos tallados en piedra del Valle del Encanto, en donde está uno de los viñedos. Este estaba en muy buen estado y teñido en el extremo que estuvo en contacto con el vino, indicando una guarda adecuada. Limpio y sin olores desagradables.
En copa quieta, un hermoso color cereza madura, al inclinarlo se confirma que es de un bello color cereza profundo, pero en la periferia se ve, para mí, colores caramelo y teja, no necesariamente producto de su envejecimiento en barrica, sino mas bien debido a la uva en cuestión. La herradura revela numerosas capas que hacen de este un vino muy atractivo.
En copa quieta, los aromas primarios son propios de la variedad, destacándose fruta madura, fresa y cerezas. Al agitar, apreciamos otros tonos, flores, especias y un toque de tierra. Evidentemente un bouquet acorde a su tiempo en barrica, muy bien balanceado.
Las lágrimas, muy elegantes, hacían honor al cuerpo de este vino. El Pinot Noir no es un vino de gran cuerpo, pero en este caso, es muy agradable y aterciopelado.
Pinot Noir ya servido, con aireador
En boca, el ataque es gradual. Muy bien balanceado, la acides y los suaves taninos dan paso a unos francos sabores a frutas y en final unos finos tostados, que demuestran su tiempo en barrica. Un final adecuado, no muy largo, pero muy placentero.
Lo hemos tomado tanto muy fresco, alrededor de los 12ºC, y ambiente, alrededor de los 15ºC. En lo personal, me gusta más un poco frio. No lo impacta negativamente y, en combinación con la acides del vino, lo hace muy refrescante. No siento que sea necesario decantarlo para disfrutarlo plenamente y no requiere de prolongados períodos de aireación.
Lo he probado en diferentes oportunidades, pero me da la impresión que está listo para tomar, guardarlo puede ser una alternativa, pero creo que es más bien un vino para disfrutar en este momento.
Pruébenlo y déjenme saber.
¡Salud!

CERRADO DE LA BOTELLA DE VINO

CIERRES ALETRNATIVOS DE LA BOTELLA DE VINO
El vino es una expresión artística. Como un poema, una pieza musical o un cuadro de arte clásico. El poema, varía con quien lo declama o cuando se lee, si hay luz o no, si lo acompañamos con música, e inclusive en qué idioma se redactó y en qué idioma lo estamos leyendo. La pieza musical varía, si es un cantante “a capela”, si es un solista, si es un conjunto, si es una orquesta, donde y cuando se toca y en cada representación en vivo. El cuadro, de la luz, del ambiente, y, en fin, de muchas variables.
Como tal, suscita una serie de polémicas. Hay los clásicos, que mantienen que una botella de vino tiene que estar cerrada con un corcho. Otros, están dispuestos a ver alternativas.
El corcho le imparte algunas características al vino. No en términos de sabor, pero ciertamente en términos de las consecuencias del tiempo de guarda. Los corchos para botellas de vino son de un diámetro estándar, mayor al diámetro de la boca de la botella, lo que la sella. Sin embargo, debido a su porosidad y el hecho que es un trozo de madera, por muy bien procesado que esté, no es un sello perfecto, por lo que el proceso de oxidación continua, más o menos rápido, y hay variaciones entre un corcho y otro, redundando en variaciones entre una botella y otra, aun del mismo vino, envasado el mismo día, en el mismo viñedo.
El primer cierre alternativo que podemos tratar, también porque es lo suficientemente popular como para hacerlo común, es el de tapa de rosca. Este dispositivo es usado ampliamente en Nueva Zelanda, Australia y también en el sur del continente americano. En Chile, por ejemplo, en el Gewurztraminer de Santa Digna.
La tapa de rosca está elaborada de aluminio, con un sello interno de plástico que es la barrera efectiva contra el acceso del oxigeno al vino. Una observación adicional a este sistema, es que elimina la necesidad de la capsula, que en ocasiones alberga características desagradables y poco estéticas, aunque no dañen el vino. Es un hecho que es más efectivo como barrera al acceso de oxigeno al vino que el corcho, eso no es una opinión. Hay referencias contundentes a favor de este sistema, como la entrevista en 2007 que Wine Spectator le hizo a Michelle Laroche, Director de Domaine Laroche, donde éste presentó para comparar el Chablis Grand Cru 2002, con 5 años de guarda, con ambos sistemas de cierre. Refirió que el cierre con tapa de rosca era más “enfocado”, mas “preciso” y que mantenía mejor la fruta, tanto en aroma y bouquet como en gusto, así como los tonos minerales, que el corcho. Refiere que, sin lugar a duda, estandariza el resultado del vino, es decir minimiza, por no decir que elimina, las diferencias entre una botella y otra. Nada de esto ocurre con el corcho. Insistió que sus mejores vinos, los envasaba con tapa de rosca, pues era un cierre más efectivo. Es una opinión con merito y, además, muy bien aceptada en particular en países que no tienen acceso fácil o económico a corchos de calidad. Sin embargo, hay referencias que indican que más de 10 años de guarda en este tipo de tapa resulta en el deterioro del plástico, con catastróficas consecuencias para el vino, debido a la introducción de olores desagradables y oxidación del mismo.
En mi experiencia, he visto este tipo de cierre en envases de vinos blancos, pero muy pocos en vinos tintos.
¿Ventajas? Las botellas se pueden guardar “paradas” y no acostadas, sin sufrir. No hace falta sacacorchos para abrir la botella. Permite cerrar la botella si no se consume completa con facilidad, aunque una botella medio vacía no dura mucho en buen estado, se tape como se tape.
La estandarización y minimización de la variación entre botella y botella debido al corcho se puede considerar una ventaja o una desventaja. La variación puede ser parte del encanto de un producto tan dinámico como el vino. O podemos decir que es terrible no tener exactamente el mismo vino de botella a botella. Es cuestión de opinión.
Otro cierre alternativo usado comúnmente, tanto en Australia, Sur África y el sur del continente son los tapones sintéticos. Ejemplos de esto son algunos de los vinos de Valdivieso, de Chile. Estos tapones son elaborados de material plástico, emulando al corcho en forma y función. Sin embargo, algunos, debido a su material de elaboración, confieren al vino sabores “químicos” desagradables. Más aun, dependiendo de su fabricación, pueden permitir el acceso del oxigeno al vino en un período de tiempo relativamente corto. Nuevas tecnologías que permiten emular al corcho natural, incluso en la presencia de micro celdas en la matriz del material, han resultado en tapones muy efectivos. Dada su naturaleza, se lubrican para facilitar su inserción y, sobre todo, para facilitar su extracción, para la cual se requiere un buen sacacorchos, y puede ser difícil si la botella esta fría.
¿Ventajas? Pues que puedes mantener la botella vertical, ya que no necesitas mantener el contacto entre el vino y el tapón para mantenerlo hidratado, y que es un cierre efectivo. Y prácticamente se acaban. Es comparable con el corcho, y ya.
En mi experiencia personal, un Malbec Valdivieso con este tipo de cierre presentó una variación muy marcada entre una botella y otra, que se lo atribuyo a defectos de cerrado. Además, para mí, estos tapones son difíciles de extraer.
Hay cierres de botella que no he tenido oportunidad de conocer en vivo, pero que he encontrado en referencias y materiales promocionales. El “Vino-Seal” (versión americana) o “Vino-Lok” (versión alemana), de ALCOA, es un tapón de vidrio en forma de “T”, donde la porción que entra en la botella está recubierta de un material plástico que resulta en un cierre hermético. ALCOA lo promociona como una alternativa muy estética que permite al vino añejarse más lentamente, aumentando el potencial para guarda, almacenar las botellas paradas y que elimina el riesgo de contaminación debido al contacto con el corcho. No conseguí argumentos a favor o en contra, solo el material promocional del fabricante y de los viñedos que lo usan.
Las chapas o tapas de corona han sido usadas exitosamente para el proceso de fermentación y segunda fermentación de los vinos espumantes. Usualmente, antes de ser enviadas para ser distribuidas comercialmente, se sustituye esta tapa por el corcho con forma de hongo tradicional.  Algunos productores de vinos espumantes han ensayado dejando que el público reciba botellas con este tipo de sello. Yo no he visto ninguna, pero para mí, parte del encanto de un espumante es sacar ese corcho… cuestión de opinión.
ZORK
imagen de Wikipedia
Luego está el Zork (http://www.zork.com.au), un invento australiano que se ve muy bien, en teoría y en papel. Un tapón tipo “T”, pero con una tira enrollada en la botella para garantizar el cerrado original, como la de los botellones de agua potable, por ejemplo. El tapón es dinámico en el sentido que se retira con la mano, aparentemente de manera bastante fácil, y si no se usa la botella completa, se presiona un botón en el tapón que permite un resellado con una pequeña extracción de aire, haciéndolo “mejor” para guardarlo, pues se reduce la cantidad de aire en la botella. Y… sí, pero si está por la mitad o menos, igual beberla rápido o se daña.
Por estas razones inicié la entrada con los comentarios artísticos. Porque, como podemos apreciar, hay alternativas, tal como hay alternativas en música. Oír música en long plays de “pasta” porque el sonido es mejor, versus oírla en CD porque el sonido digital es “más exacto” o “más nítido” u oír solo MP3’s porque son más fáciles de manipular, o preferir sólo música en vivo, o sólo orquestal, o sólo cantada, todos son gustos personales y todos son validos. ¿Es mejor el corcho natural? No sé, depende en mejor para qué. Si es para que se conserve y sea más estándar y consistente el producto y se va a guardar 5 a 7 años, tal vez tapa de rosca sea mejor. Si lo que queremos es algo que nos sorprenda cada vez que lo abrimos o si lo que queremos es tener el orgullo de una botella óptimamente guardada por mucho tiempo, el corcho natural, definitivamente. Hay alternativas en el mercado y, lejos de reducirse con el tiempo, vemos que aumentan constantemente.
Así que tendremos que seguir probando vinos con distintos cierres, disfrutándolos y emitiendo nuestra opinión.
¡Salud!

lunes, 27 de diciembre de 2010

EL CORCHO

EL CERRADO DE LA BOTELLA DE VINO
Así que llegamos al restauran, pedimos una excelente botella de vino, el mesonero nos la muestra, la identificamos como la que pedimos, todos sonreímos, el mesonero hábilmente corta la capsula, retira el tapón, nos lo presenta y queda expectante de nuestra reacción.
¿Qué hacer con eso que nos acaba de poner en la mesa, al lado de nuestra servilleta, en un platito de cerámica o la miríada de otras maneras de presentarle el tapón del vino al cliente? La respuesta exacta es: lo que quiera. Al final de esta entrada estarán algunas sugerencias, pero para que tengan sentido, hay que tener cierta información en común. Así que, aquí vamos.
Corcho adecuadamente presentado
Lo primero que habrán observado es que, a pesar del título de la entrada, me he referido al tapón del vino y no al corcho. Esto es porque hoy en día, tal como pasa con muchas cosas, hemos regresado a que el vino no esté tapado exclusivamente con corcho.
Si bien es cierto que el corcho se conocía en Grecia y Egipto como un material para sellar herméticamente ánforas y otros recipientes, tal como lo refiere el autor Romano Cato en el segundo siglo antes de Cristo,  también es cierto que ese arte se perdió debido a la invasión moruna a la península ibérica. El vino era elaborado y colocado en ánforas o contenedores de barro, o en recipientes de cuero u otros materiales biológicos (tripas o estómagos de distintos animales) que se sellaban con cera o alquitrán. Evidentemente, este vino no terminaba siendo muy bueno, por lo que se le añadían hierbas u otros elementos para enmascarar sabores u olores desagradables, alguno consecuencia del sellado del embase.
Posteriormente, con el avance en la elaboración de botellas de vidrio, fue en estas, por su facilidad de transporte y manejo, que se envaso el vino. A principios y mediados de los 1600, las botellas de vino se sellaban con trapos empapados con aceite, para que el sello fuese lo más efectivo posible. Evidentemente, esto traía problemas a granel si la botella se inclinaba, si el aceite se ponía rancio o si se disolvía en el vino. También se introdujo la modalidad de usar madera con aceite o cera para sellar las botellas, llegando eventualmente al uso de la corteza del alcornoque, que sin necesidad de cera o aceite, por su elasticidad, era la manera ideal de taparlas, es decir, con corcho. Esto se le atribuye, normalmente, a Dom Perignon por ahí entre los 1600 y los 1700. Específicamente, como parte importantísima de la solución del problema de la fermentación secundaria en botellas, que produce los vinos espumantes.
El corcho, como material, es, según lo define el DRAE, un “tejido vegetal constituido por células en las que la celulosa de su membrana ha sufrido una transformación química y ha quedado convertida en suberina. Se encuentra en la zona periférica del tronco, de las ramas y de las raíces, generalmente en forma de láminas delgadas, pero puede alcanzar un desarrollo extraordinario, hasta formar capas de varios centímetros de espesor, como en la corteza del alcornoque”. Esto último es muy importante para nosotros, pues el corcho que a nosotros nos interesa debe tener unas dimensiones especificas y, para que sea comercialmente viable, debe ser relativamente fácil de obtener.
Así pues, el tapón de corcho que se usa en las botellas de vino tiene dimensiones estándar determinadas, lo que, en conjunto con la industria de los envases para vino, hace que podamos evaluar un corcho con cierta facilidad.
El diámetro del corcho debe ser de 24 mm +/- 0.4 mm. La longitud del corcho va desde 38 hasta 54 mm. Las variaciones determinan cuales vinos serán tapados con cuales corchos. Los de guarda (crianza y reserva) necesitan corchos con mayores dimensiones, para asegurar un sello más efectivo, por el tiempo que se estima o espera que el vino repose en la botella antes de ser bebido, mientras que vinos que se van a beber jóvenes o pronto luego de su embotellado, no requieren de corchos tan largos.
El tapón de corcho, o simplemente corcho, se obtiene procesando la corteza del alcornoque, un procedimiento que requiere de dos procesos de hervido iniciales, para hidratar y esterilizar el material, luego un proceso de bodega, donde se estabilizan y aplanan las planchas. Al cabo de una semana aproximadamente, la madera se rebana y las tiras resultantes se perforan. Las tiras rebanadas tienen la longitud deseada del corcho que está siendo elaborado, mientras que la gubia que las perfora extrae un tapón de diámetro estándar para su uso. Finalmente se secan los corchos, se colmatan, se lijan y se pulen dejándolos listos para ser comercializados. Dependiendo de las características de la madera inicial, hay distintas calidades de corcho, según sea la presencia y tamaño de los poros y canales en el corcho resultante.
Hay una buena cantidad de material residual de este proceso, tales como las tiras perforadas y otros recortes a lo largo del proceso. Estas se mandan a una molienda, que produce serrines de entre 1 y 5 mm de tamaño, que se integran con un aglomerante o cola para corcho para producir unos tapones del diámetro estándar y longitudes variables según la solicitud del cliente que los compra. Regularmente se les coloca una capa de silicón para facilitar la introducción y extracción en la botella.
Ahora bien, el corcho se puede procesar en la planta de producción o ser enviado al viñedo para su proceso final. Este puede ser un estampado, aunque algunos corchos, en particular los de aglomerado, son usados sin estampar.
Las bocas de las botellas tienen como diámetro interno estándar 18,5 mm +/-  0,5 mm, y debe ser circulares, no ovaladas. Evidentemente, nuestros corchos son muy anchos para la botella. Esto es a propósito, para asegurar que la diferencia, de aproximadamente 5 mm, resulte en un sello hermético y seguro, que no permita el acceso del aire a la botella, ni que se salga el tapón por accidente de la misma. Por esto, si medimos el corcho extraído de una botella, normalmente no tendrá un diámetro de 24 mm, sino algo menos que eso.
Corcho poco atractivo, pero
sin defectos al descorchar
El corcho puede presentar un aspecto poco atractivo al sacar la capsula. Esto no quiere decir que este deteriorado. Se limpia y luego, al sacarlo, se le evalúa.
Así que tomamos el corcho que nos presentó el mesonero y lo vemos detenidamente. No tenemos a mano una regla o un vernier, de manera que tan solo apreciamos las dimensiones del corcho en general. Que no sea ni excesivamente corto o largo en comparación con otros que hayamos visto antes. Apreciamos el extremo que estuvo en contacto con el vino. Si el vino es blanco, tan solo para apreciar su integridad, si el vino es tinto, también para apreciar el teñido o manchado del corcho, indicativo del tiempo y cuidado de guarda.
Si tenemos experiencia con el viñedo que originó el vino, sabremos cual es el impreso habitual en sus corchos, de lo contrario, solo vemos la impresión para determinar si tiene sentido en relación al vino que estamos tomando. La impresión puede ser el nombre del país de origen del vino, el nombre, o el logo, o ambos del viñedo. Puede ser inclusive detalles de la apelación de origen, o puede ser una imagen muy elaborada. Depende del viñedo. Así mismo, en particular si es un corcho de aglomerado, puede no tener impresión alguna. Evidentemente, si el viñedo no consideró el vino como merecedor de un corcho natural, sino de uno de agregado, normalmente no invierte en imprimir el corcho. Esto nos perite saber algunas cosas en relación al vino, pues si es un vino costoso, debe tener un corcho impreso, si no hay tal impresión, ¡cuidado!, podemos estar en presencia de una botella fraudulenta.
Corcho manchado pero sin que el vino haya pasado el corcho
Impresion de un viñedo Argentino
Comprimimos el corcho con los dedos para constatar que está firme y que no se deshace. Esto es indicativo que está en buenas condiciones y debe haber protegido al vino del aire y haberlo tapado adecuadamente. Si esta flojo o se desmorona en nuestros dedos, puede ser indicativo de una mala práctica de guarda o un defecto de origen del corcho, mas no del vino.
Podemos oler el corcho por el lado que estuvo en contacto con el vino. Debe oler limpio, a vino y a corcho, solamente. Si huele a papel mojado u otros olores desagradables, podemos estar en presencia de un vino deteriorado.
Otra presentacion del corcho. Poca mancha.
Se observa la poca evidencia de guarda
Hay gente que inclusive pone el extremo del corcho que estuvo en contacto con el vino en su lengua. El gusto va a depender de donde en la lengua se coloque y el sabor es… pues a corcho, naturalmente. Si tiene cualquier sabor adicional, regularmente ya se habría detectado al oler el tapón. Yo, en lo particular, no recomiendo esta práctica.
Finalmente, nos volvemos al mesonero, sonreímos y con una leve inclinación de cabeza, le damos la venia para que nos sirva un poco de vino en la copa, para probarla y luego autorizar servir al resto de la mesa.
De manera que, ¿qué hay que hacer con el corcho de la botella? Depende. Ahora contamos con información que nos permite evaluar un corcho adecuadamente. Si es el sommelier el que nos presenta la botella, él debe evaluar el corcho y el vino, y tan solo servir directamente una vez que nosotros hayamos aprobado la botella. Si es un mesonero, de nuevo, él debe decidir si el corcho está en buen estado, pero no todos los mesoneros están en capacidad de tal evaluación. En todo caso, nos pueden presentar el corcho y lo que hagamos con él depende de la situación y de lo que queramos hacer.
En otra entrada hablaremos de los otros tapones que hay para el vino. Mientras tanto, ¡Salud!

domingo, 26 de diciembre de 2010

ARESTI - GEWURZTRAMINER 2.009

ARESTI
GEWURZTRAMINER 2.009
La bodega Aresti de chile fue fundada en 1.951 por Don Vicente Aresti Astica en conjunto con su suegro. Evidentemente, le dio el nombre familiar y ha estado en esa familia desde entonces.
El gewurztraminer es un vino muy aromático y especiado que proviene de una uva de piel rosada, aunque el vino resultante es blanco. Es muy agradable y lo hemos disfrutado en otras ocasiones. Recientemente probamos el Cabernet Souvignon de este viñedo, al que conocíamos por el “gewurzt”, como le dicen coloquialmente, así que decidimos abrir una botella y dejar sentadas nuestras impresiones.
La botella totalmente transparente es bordolesa, aunque al buscarlo en algunas páginas web, lo vimos en botellas borgoña o alemanas, lo cual llama mucho la atención, pues una de la cosas que es consistente en los vinos, es el estilo de botella en el que se envasan y presentan. El etiquetado consiste en varias etiquetas donde se destaca las que identifica al viñedo, bastante elaborada y atractiva, y la que identifica al varietal. La etiqueta posterior es informativa y con toda la información pertinente.

ARESTI Gewurztraminer 2.009

El corcho estaba en buen estado y no se observaron defectos. Presentaba una compleja impresión de lo que me parece que es una representación grafica de la Bodega de Curicó. Otros corchos de ese viñedo que hemos visto, tienen el logo del viñedo. De nuevo se presenta la inconsistencia en términos de presentación. Puede ser un caso de adecuación para distintos destinos de exportación.
Desde la botella, por ser ésta transparente, pudimos ver un lindo y brillante color amarillo pálido, con tonos verdes, que en copa quieta fueron evidentes y resaltaban al agitar la copa.
De nuevo, en copa quieta, apreciamos los ricos aromas propios de la variedad, frutas y flores, muy aromático y agradable. Al agitarlo, se acentuaron los aromas, pero no detectamos ninguno nuevo. La temperatura, de 8ºC aproximadamente, la encontramos ideal y no nos pareció que impactara negativamente en los aromas.
Lindas lagrimas, sin mayores pretensiones o virtudes.
En boca, es un vino refrescante, de nítida acidez y muy franco en sus características frutales y de flores, con amplios tonos especiados y de hierbas. Un final prolongado, muy agradable.
Realmente un agradable vino para tomar y compartir, ligero y fresco, ideal para un caluroso día de verano… o para compartirlo con familiares el día después de Navidad.
¡SALUD!